El poder del ingenio

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martes, 28 de mayo de 2013

Target group. Objetivo: el público



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Las personas ajenas al mundo de la publicidad pueden haber oído en ocasiones el término “público objetivo” y sin estar demasiado familiarizadas con él, pensarán que hace referencia a un público imparcial, que se caracteriza por juicios o sentimientos desinteresados o desapasionados. Sin embargo, nada tiene que ver con eso. En publicidad, el término “público o grupo objetivo” es la traducción directa y literal del término "target group” en inglés, que se refiere a un grupo objetivo, entendiendo objetivo como el blanco al que se apunta cuando se dispara. definition description
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Habiendo aclarado el término tantas veces utilizado en publicidad y en marketing, resta decir que la definición clara del público objetivo antes de lanzar una campaña de publicidad, es esencial para poder alcanzar buenos resultados. Una definición clara del segmento de mercado al que irán dirigidos nuestros productos o servicios, simplificará el mensaje y ayudará a encontrar las grandes ideas que finalmente ahorrarán costes de producción.


Una vez identificado el público objetivo, hay que saber ofrecerle lo que desea. Amazon,  la empresa líder de venta de libros y música por internet de Jeff Bezos, cuida hasta tal punto la relación y el servicio a sus clientes que, gracias a la tecnología, la segunda vez que accedes a su sitio web después de haber hecho alguna búsqueda de algún título concreto, con los datos identificativos del ordenador y sin haber puesto ningún tipo de clave o contraseña o haberte dado de alta, son capaces ya de ofrecerte material relacionado con ese artista o título que te interesa. Aprovechan la información almacenada en visitas anteriores para adelantarse a los posibles deseos del consumidor.

 
Un cambio se ha producido en los últimos tiempos: el consumidor anónimo está dejando de existir. Las empresas ya no sólo buscan un perfil de cliente, sino ponerle nombres y apellidos. Poco interesan las compras ocasionales, el negocio está en la repetición de la compra, en buscar la fidelidad (fidelización) y el compromiso del cliente de cara al futuro, conocerle al máximo para sintonizar con la mayor exactitud posible. No sólo las empresas han evolucionado su oferta y sus técnicas de aproximación a los clientes, éstos también han abandonado su actitud pasiva para convertir el proceso comercial en una relación de ida y vuelta en la que el poder se equilibra. Internet tiene mucho que ver en este cambio de perspectiva. La experiencia positiva o negativa que un consumidor tiene al adquirir un producto o probar los servicios de una determinada empresa ya no es sólo tema de charla con su grupo de amigos, sino que puede compartirse con millones de personas a través de la red. Blogs privados con opiniones para todos los gustos y quejas en ocasiones demoledoras, quedan a disposición de todos los internautas al teclear la marca o empresa en los principales buscadores. Puede que el cliente no siempre tenga la razón, pero sí posee las herramientas para expresarse en foros de difusión mundial. La Web 2.0 es su escenario.
 

miércoles, 2 de enero de 2013

Anuncios inolvidables

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La publicidad del siglo XXI necesita tener, por encima de todas las cosas, capacidad de impacto.  Para que llegue el mensaje a un espectador saturado de propuestas comerciales y poco impresionable ante escenas que tiempo atrás habrían llamado su atención, debe tener ingredientes muy llamativos. Se trata de encontrar un camino hacia la mente del espectador, apelando en muchos casos a su inteligencia.


Los grandes anuncios que han conseguido ocupar un espacio en nuestra memoria, suelen soportar muy bien el paso del tiempo. Con los años es evidente que cambian ciertos códigos de comunicación, sobre todo relacionados con la estética, pero la semilla de un buen spot, la manera en la que fue concebido y contado, permanece inalterable y conserva su capacidad de sorpresa. Se trata de campañas pensadas para ser memorables. 

 
Por muy espectacular e impactante que sea, por mucho dinero que se hayan gastado en hacerlo; un anuncio, además de atraer y llamar la atención del espectador, debe cumplir su primer y más básico objetivo: que la gente sea capaz de recordar la marca del producto o  servicio que se está publicitando.

 
Otro error frecuente de los publicitarios y sus clientes, es apostar por anuncios de difícil o imposible comprensión por parte del espectador. A veces se olvida que los consumidores no tienen demasiado tiempo ni especial interés en descifrar el significado de un anuncio y que lo van a ver un número limitado de veces. Aunque se busque en ocasiones provocar diversas interpretaciones, lo cierto es que cuanto más claro y directo sea el mensaje de un spot, más posibilidades hay de que se recuerde y cumpla sus objetivos. 

 
En un mercado publicitario cada vez más competitivo, es una realidad que los anunciantes valoran cada vez más la creatividad en sus campañas y así se lo hacen ver a sus agencias. Se persiguen ideas que destaquen y se valoran el ingenio y los planteamientos inteligentes. Por desgracia, el nivel creativo de las campañas no siempre va acompañado de eficacia. En muchas ocasiones se pierde de vista el verdadero objetivo de un anuncio publicitario, que no sólo debe ser llamar la atención y destacar, sino que también tiene que ver con provocar el deseo de consumo y estimular la compra de un determinado producto o servicio.